Con la bicicleta y la caña a cuestas

Juan Ignacio Goyeneche
Juan “Gocho” Goyeneche

Con la bicicleta y la caña a cuestas

El relato trata de una aventura en bicicleta, pescando durante trece días en San Martín y Junín de los Andes.

Hacía mucho tiempo que tenía ganas de emprender esta salida de pesca tan particular, y por fin me decidí.

Luego de buscar información y pedir recomendaciones para los posibles destinos, elegí dejar de lado la carpa y opté por pernoctar en hosteles, lo que me evitaría de esa manera acarrear todo el equipo que el campamento implica.

La dinámica planificada respondía a salir con la bici cada jornada, y pescar destinos no muy lejanos.

Recibí muchos consejos y ayuda por parte de los miembros del foro Pesca y Devolución, donde siempre hay pescadores generosos dispuestos a dar una mano.

Aníbal me ayudó con los preparativos, y Matiluc y Cofla me revelaron con precisión distintos points de pesca, y hasta cómo pescarlos, como si planificáramos viajar juntos. Fito Kaesler y Leandro Guglielmin me recibieron en San Martin de los Andes como si me conocieran de toda la vida, y compartí con ellos varias salidas de pesca. Jorge Dreher, sanmartiniano, me aconsejó acerca de lugares para pescar y hasta me invitó a cenar una noche.

La partida fue desde la ciudad de La Plata viajando en micro, y con trasbordo mediante, puesto que no hay ninguna opción directa hasta San Martín de los Andes. La bicicleta viajó desarmada (le quité las ruedas, el manubrio, los pedales y bajé el asiento) y embalada en un práctico bolso con correa, llevándola como equipaje en el buche del colectivo.

Debo aclarar que tuve inconvenientes con los choferes, que se negaron a cargarla, situación que solucioné pagando “exceso de equipaje” después de discutir bastante con ellos. Esto me ocurrió en el viaje de ida y también en el de vuelta, pese a que en el momento de comprar los pasajes aclaré que viajaría con una bici, y habiéndome contestado que no había inconvenientes. Todo un punto para tener en cuenta a la hora de elegir el medio de transporte.

San Martín me recibió con viento, frío, y lluvia, clima que se mantuvo durante varios días, aunque eso no impidió que realizara mis salidas diarias en bicicleta.

El primer día osé asomar la naríz por el lago Lacar, cuyas aguas agitadas por el viento formaban grandes olas. Hice lo imposible por tratar de pescar, pero luego de varios intentos infructuosos decidí buscar resguardo pescando el arroyito que recorre la ciudad, logrando pequeñas arcoíris con ninfas.

Junto a mi amigo Fito hicimos una primera pesca en el lago Lolog, e inclusive me prestó unos waders ya que hacía frío. La pesca fue mala, y ni siquiera Fito, asíduo visitante de esas aguas, pudo encontrarle explicación. Sospecho que debo haber “mufado” al Lolog por lo que resta de la temporada, ja ja. De todas maneras muy lejos de quejarme, el haber compartido la jornada con Fito, una persona muy especial, salva cualquier situación.

Cuando el tiempo mejoró, en el Lacar logré mis mejores pescas, pudiendo meter los piecitos en el agua. Una tarde logré varias capturas de truchas marrones rondando el kilogramo de peso, pescando con secas atractoras. Recorrí la costa norte del lago visitando los campings “Playa bonita” y “La islita”, y también la costa sur en la zona de Catrite. Los intentos con streamers pagaron con truchas arco iris.

Camino hacia Junín de los Andes, paré en el río Quilquihue con la idea de pescar su unión con el Chimehuin, pero no pude hacerlo porque fue imposible caminar con la bici a cuestas por el sendero muy tupido, y no podía dejarla cargada con todo el equipaje tan cerca de la ruta. Finalmente terminé pescando sobre el Quilquihue, que me dio muchísimas capturas, pero todos llaveritos. Mala apuesta mía, por desconocimiento…

Los días que pasé en Junin me dediqué a pescar el río Chimehuin, pedaleando con la bici hasta la curva del Manzano, y pescando tanto aguas arriba como abajo del puente. Fueron tres días intensos, de los cuales el primero fue el mejor, tanto en cantidad de capturas como en tamaño; el segundo fue malísimo con un día atípico de poca actividad en el agua, acompañado por tormenta eléctrica e incendio, además de que casi me comen vivo las hormigas; y en el tercero obtuve resultados intermedios como para equiparar las cosas. Treinta minutos en bicicleta desde el hostel hasta “la curva”, hacen de Junín una excelente alternativa para esta clase de experiencias, con muchos pesqueros al alcance de la mano.

Considero que mi pesca en el “Chime” fue regular, con truchas de mediano porte, además de “llaveritos”, pero ningún “trofeo” ni nada parecido como para alardear. Lo que mejor rindió fue la pesca con secas, empleando Adams parachute, y elk caddis. No siento que haya pescado bien o le sacado el “jugo” al lugar, fue mi primera vez en este río, al cual encontré muy bajo, y con muchas balsas circulando.

Hacia el final de mi estadía en Junín, Fito me pasó a buscar junto a Leandro – en quien encontré a un nuevo amigo -, para pescar el Collon Cura. Luego del viaje en camioneta por el largo camino de ripio que parte de la ruta 40, y tras habernos cruzado con varios “amiguitos” con cuernos, llegamos al lugar de destino. Caminar por el monte buscando el río durante los primeros momentos del amanecer, mientras escuchábamos la brama de los ciervos colorados, me pareció un espectáculo único.

El Collón es una de las “cuevas” de Fito, que conoce como la palma de su mano. La jornada transcurrió con mucha actividad y numerosas capturas, y como no podía ser de otra manera la mejor del día fue para Fito, aunque no debería valer, porque él las tiene marcadas y lo conocen, ja ja. Debo confesar que erré muchos piques y perdí varios peces durante la pelea, comprendiendo que hay que afinar los sentidos y hacer las cosas necesariamente bien. Las moscas y modalidad de pesca utilizadas por todos fue la misma … wets pescadas en deriva.

Pasado el mediodía la actividad mermó, y emprendimos el regreso, aunque con contratiempos, debido a que por mi descuído fui dejando cosas en cada lugar que paramos, soy un poco despistado ja ja.

El balance general de toda la experiencia “pescando en bicicleta” lo considero bueno, y quedé muy contento de haber realizado el viaje; tuve alguna situación espinosa en el hostel de Junin pero nada grave. No toda mi actividad diaria, – aunque sí la mas importante -, fue la pesca, pues también metí muchas horas de bici por la montaña y haciendo trekking. Fueron días intensos de salir por la mañana temprano y volver por la noche, aunque íntimamente siento que soy capaz de mucho más. Lo único que lamento, es no haber evaluado bien los tiempos, porque en este tipo de experiencias hay que tomar resguardos, desde alistar todo para salir a la mañana, pensar qué comer y llevar las provisiones para el día, llegar al lugar donde se quiere ir, volver a cargar todo en la bici más o menos como estaba, cambiar el traje de ciclista por el de pescador y viceversa, y tener la precaución de volver temprano para que no sorprenda la noche.

Además en los hosteles se conoce mucha gente (en este caso no había pescadores), y algunas tertulias suelen ser largas, – bebida de por medio -, y después se hace difícil arrancar temprano por la mañana. Todo esto repercute en pérdida de horas de pesca, por lo que en la próxima salida, y en base a la experiencia ganada, sabré cómo manejarme mejor.-


Gocho.

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