Cruzando la Cordillera

Por Joaquín Fasel

Cruzando la Cordillera

Segundo Relato: Raúl Marín

Así como África ofrece sus “Cinco Grandes”, al Sur de Pto Montt, fluyen al Pacífico otras cinco magníficas bestias:  los ríos Puelo, Yelcho, Palena, Cisnes y Baker. A cuál más impactante, todos nacen en lagos, cumbres y volcanes de la majestuosa cordillera sudaca.

El solo pensar en la “Boca del Palena”, ya que entonces no se podía llegar por tierra, llevó mi imaginación al límite.

Mapa de la zona explorada

Nacido en el lago Vinter, este tremendo río encara decididamente hacia el Atlántico, pero como si de pronto cambiara de opinión gira diametralmente poniendo rumbo a Chile, donde abandona ambos nombres argentinos, Corcovado y Carrenleufú, rebautizándose con el de Palena, voz araucana que significa “araña picadora”. Recorre largos tramos totalmente solitarios, alternando con sectores más poblados, como cuando corre paralelo a la Carretera Austral.  Allí, luego de recibir al rio Rosselot, vira nuevamente y enfila directo al Pacífico.

Su desembocadura en el mar es bien curiosa. Como una especie de horqueta, un brazo forma una enorme barra, mientras que otro se comunica con un profundo seno. En el medio, se levanta un simpático pueblito, el Puerto Raúl Marín Balmaceda, más conocido como Raúl Marín, a secas.

Río Palena en las inmediaciones de La Junta

Los datos, quizás exagerados, nos hablaban de pescas milagrosas partiendo de allí por mar. Así, al norte, el misterioso rio Tic Toc, gran pesquero, descarga al mar aguas del importante lago Trébol, mientras que, al sur, varios arroyos como el Añihue, Bahía Mala y Frutillas también calificaban con pesca interesante

Raúl Marín constituye una escala importante para la navegación de la costa chilena, siendo por mar, hasta hace poco, su única vía de comunicación. Afortunadamente, un famoso filántropo, que le puso el ojo también a esa región, logró un acuerdo con las autoridades para construir una pista de aterrizaje a orillas del poblado, a cambio de la adquisición de unas tierras, conocidas como Fundo Los Leones. Ese señor se llamaba Douglas Tompkins. Tiempo más tarde esa propiedad, con pista de aterrizaje incluida, fue canjeada por otros campos más propicios para incluir a su cruzada conservacionista…

Un “amigo en el camino” Juán Szarek

Pero había otro medio para acceder, un tanto incómodo tal vez, que consistía en descender el rio Palena, navegando desde La Junta. Un camino, orillando el río, solo estaba construido en parte.

La Aldea de Las Pampas, fue base de operaciones para nuestras pescas durante muchas temporadas, salidas que rematábamos religiosamente con alguna experiencia transcordillerana. En este viaje, utilizamos el vecino cruce fronterizo Lago Verde, continuando luego por un camino que bordea el rio Figueroa (que recibe al rio Pico) y hacer un corto relevo al lago Rosselot antes de llegar a La Junta.

Resultó muy cómico, cruzarnos a medio camino, con un cartel que promocionaba un lugar de pesca, con una enorme imagen de Juancito Szarek (y sin su autorización), pamigrupense con quien habíamos conocido el lugar pocos años antes.

Creo que de la zona de rio Pico no nos quedó rincón por conocer ni charco al que no lanzamos una mosca. Todo gracias a la suerte de haber conocido una gran persona como lo es Emiliano Luro, joven docente en rio Pico, quien nos acompañó, guió, asesoró y hasta cobijo en una cómoda cabaña en Las Pampas.

Fue Emiliano quien nos dio el empujón final para encarar la aventura. Esta vez con datos certeros provenientes de su amigo y jefe de guías de un famoso lodge de la zona (El Yunque), desde el cual se abordaban esos pesqueros citados, helicóptero mediante.

Fue así que una mañana, bien temprano, luego de pernoctar en La Junta, nos trasladamos hasta una granja a orillas del gran rio, un par de kilómetros abajo del cruce de rutas. Allí dejamos nuestro vehículo y acomodamos todos nuestros petates en un viejo gomón, con un fuera de borda más viejo aún. Al menos el timonel era joven y experto en ese recorrido, un tanto largo y azaroso, pero una vía de comunicación con el puerto al fin.

Recuerdo nuestro asombro y preocupación cuando lo vemos preparar una soga deshilachada, con un palito, como reemplazo del sistema retráctil para dar arranque. Pero de que serviría nuestra protesta, si ya estábamos en el baile…

Paso fronterizo “Las Pampas-Lago Verde”

Y bailamos de lo lindo. El río Palena, ancho y caudaloso, corre enfrentando el oeste, justamente desde donde provienen los vientos más fuertes y frecuentes, y ese día no faltaron. El choque entre ambas fuerzas opuestas resultaba en un oleaje muy incómodo para ese tipo de embarcación, que nos llevaba a los saltos, mojadora inclusive, martirio que solo aflojaba navegando a resguardo de las escasas curvas. Entre dos y tres horas duró el suplicio, compensado, eso sí, por un paisaje increíble, dominado por la cercanía del majestuoso volcán Melimoyu, que cada tanto asomaba su cumbre nevada. A mitad de camino, el rio Risopatron agrega sus aguas al Palena en una bella confluencia.

Ya en el tercio final, al vernos un tanto agotados, nuestro “capi” hizo costa en una selva muy densa, donde una impresionante fuente de aguas termales nos permitió recuperarnos, mientras nos contaba que allí se iba a construir un centro termal, por iniciativa de quien resultó el personaje principal del viaje. Don Alejandro Hechenleitner.

Termas naturales “El Sauce”, Km. 17 camino La Junta-Raul Marín

Y así fue que, apretujados, molidos y mojados, llegamos a Raul Marin donde inmediatamente nos instalamos en uno de sus dos hospedajes: la “Hosteria Valle del Palena”, propiedad del Sr.Hechenleitner.

Camino a la hosteria, una importante construcción ostentaba un cartel de “Fabrica de Dulces y Conservas” (de mariscos), emprendimiento también del Sr. Hechenleitner.

Amarrados en el puerto, un par de importantes embarcaciones también pertenecen al Sr, Hechenleitner, mientras que algunas vacas y terneros pastan libremente alrededor del pueblo, obviamente, propiedad del mismo señor.

Camino en construcción hacia Raúl Marín

¿Y quién nos recibió en la hostería? Adivinaste: el Sr. Hechenleitner. Pero no lo hizo en el mostrador de recepción, sino al fondo, en el taller, donde, engrasado hasta los codos, estaba reparando un enorme motor fuera de borda. Impresionante el hombre, destilando energía por todos sus poros, era el prototipo del emprendedor.  Orgulloso, nos mostraba la nueva fronto cargadora que había adquirido, y guardaba en el jardín…

Pero nosotros llegamos hasta allí para pescar, (o al menos eso era lo que deseábamos), por lo que, al fin, en la sobremesa, entramos en tema…

Hostería “Valle del Palena”

Nuestra idea fija era el rio Tic Toc, que nos atraía por lo gracioso del nombre, pero sobre todo por su fama de pesquero fabuloso. Pero había un problema, que en realidad eran más problemas.  Para entrar por su desembocadura en la bahía Tic Toc, era necesario salir mar afuera, y luego remontarlo salvando rápidos y pedregales, navegación solo posible con una lancha a turbina. La otra opción era llegar en barco hasta el fondo del fiordo Rodríguez, y luego sortear un pequeño cerro por una picada de unos 3 Km. La tercera opción es la que usaban los pescadores del lodge El Yunque: el helicóptero. Para colmo, el Tic Toc es solo pescable en un tramo, bastante corto, que transcurre entre su salida del lago Trébol y la confluencia con un rio que baja de un ventisquero, por lo que sus aguas se vuelven lechosas, clásico de los cursos glaciares…

Como era de esperar, el Sr. Hechenleitner no tenía un helicóptero, pero si tenía una lancha a turbina, lamentablemente fuera de servicio. Por lo que optamos visitar los ríos que desembocan al sur del puerto, todas accesibles vías marítima.  Un temporal, que había comenzado durante nuestro duro descenso, estaba a pleno, razón por la cual, la Capitanía había prohibido la salida de puerto a toda embarcación hasta que amainara.

Bahía Mala

Así las cosas, solo quedaba la opción acuático-terrestre a través del fiordo Rodríguez, para lo cual don Alejandro nos armó el programa. El primer intento fue con un crucerito de dos motores al que le habían sacado uno (el que estaba reparando). Pero el restante no quiso arrancar… Entonces pasamos todos los equipos a un lanchón pesquero, con el que finalmente logramos zarpar, muy atrasados, y bajo una lluvia torrencial.

Quiso el destino que también se malograra ese intento, otra vez por una avería, y que nos complicaría el viaje. Se había dañado la caja de cambios dejando trabada la marcha adelante, situación que el timonel hábilmente supo controlar. Finalmente llegamos al fondo del fiordo, con el tiempo justo para emprender el regreso.

Acumulados los contratiempos, caímos en la cuenta de que tantos desperfectos no eran por mero azar. Como aquel famoso refrán: “El que mucho abarca…” se dio la lógica de “tantas tuercas mal apretadas”. Lo único que faltaba era que el hombre también se dedicara a la política…Tiempo después nos enteramos de su candidatura a concejal por la Comuna.  Capanga total.

Como nos quedaba un solo día, y el temporal no aflojaba, nos dedicamos a un city tour que incluyó la visita a la formidable pista de aterrizaje construida por Tompkins y el fundo/lodge adyacente. Algo de shopping en la fábrica de conservas y dulces, absteniéndonos llevar mariscos, como medida preventiva por conocer el paño. Realmente es un pueblo “bonito”, con sus casas de madera multicolores, lindas praderas y extensos frutillares, todo enmarcado por el mar y las montañas. Un sueño. Aprovechamos además para conocer el hospedaje “Los Lirios” y a doña Viola, su dueña y excelente cocinera, para tenerlo en cuenta una próxima vez.

Ruta a raúl Marín Balmaceda

Aunque el pescado quedó sin pescar, el Pamigroup no se rinde…, y fue así que un par de años más tarde volvimos por el desquite. Revancha que cicatrizó todas las heridas del primer intento, que además culminó aquella vez con una última frustración, protagonizada por un “guía” de La Junta.

Instalados en el pueblo de La Junta, mientras programábamos aquella primera “expedición”, tomamos contacto con uno de sus pocos guías de pesca y acordamos, a nuestro regreso, remontar el Palena “arriba” con su lancha hasta unos pesqueros que él recomendaba. Otro día iba a destinarse a los chinook, que se acardumaban debajo de unos saltos que el rio Rosselot formaba antes de confluir en el Palena, lugar solo accesible por agua.

Boca del río Frutillas edesde el mar

Una vez vueltos a La Junta, el hombre nos informó que le había salido otro trabajo, de una semana completa, que le convenía mas y por lo cual, sencillamente decidió cancelar el compromiso con nosotros. Nosotros, muy calientes como era de imaginar, lo increpamos ofendidísimos con términos como “responsabilidad”, “profesionalismo”, “honor a la palabra”, etc., a lo que fríamente nos respondió: “tómenlo como quieran…”

¿Sus iniciales?: Javier Villegas Mansilla

Pero como Mc Arthur tras su derrota en las Filipinas, regresamos y fuimos victoriosos.

Un par de años luego de aquella primera visita, el camino a Raúl Marín, estaba terminado. Solo faltaba un último puente, bien importante, por lo que para trasponer el rio se había habilitado un trasbordador que funcionaba a demanda.

Esta vez veníamos con la “precisa”:  datos frescos y garantizados respecto a los pesqueros, pronóstico meteorológico favorable y marinero con una flamante panga. Un Pamigroup algo raleado debido a la deserción de uno de sus miembros, volvió a alojarse en lo del Sr.  Hechenleitner, ignorante él de que nuestra primera opción fue el hospedaje “los Lirios”, totalmente ocupado. Después nos enteramos que era el lugar elegido por la mayoría de los operarios de las salmoneras, tanto por precio como por la comida…

La operación de pesca, de alta gama, que tiene base en el lodge “el Yunque”, cercano a la confluencia del Rio Palena con el Russelot, también posee una muy llamativa construcción sobre el mar, en Bahía Mala, donde solían alojar pescadores llevados por helicópteros, una manera de rotar los grupos haciendo más interesante sus experiencias. Además, el formidable pesquero del rio Tic Toc les quedaba en el camino.

Por razones que no vienen al caso, el lodge en Bahía Mala fue retirado del servicio, quedando todo bajo la vigilancia de un cuidador.  Nuestro contacto, el jefe de guías, nos sorprendió con una propuesta inesperada: podíamos usar todas las instalaciones, con la única salvedad de ocuparnos por nuestra cuenta, y por supuesto pescar todo el rio Bahía Mala que desemboca a metros del complejo.

Pescando el río Cacique Blanco

La propuesta fue estudiada y desechada rápidamente.  Entre los pros y los contras, optamos por hacer base en Raúl Marín.  Sabíamos, por experiencia anterior, que el puerto se cerraba con frecuencia por temporales y que Bahía Mala se conocía por ese nombre por la particular intensidad de su “mar gruesa”.  Además nosotros, sin helicóptero. Tampoco era cuestión de quedarnos a vivir allí. 

Por fin salimos al mar.  Habiendo descartado el rio Tic Toc, fuimos a por los ríos del sur, navegando con mucha precaución a causa de unos afloramientos rocosos que cada tanto aparecían, semisumergidos, y que nuestro timonel tenia perfectamente ubicados.

Teníamos dos ríos compartiendo el primer puesto del ranking de datos, por lo que el resto quedó descartado… Y finalmente uno se llevó las palmas: el Frutillas.  Solo el panorama, corriendo por su valle, al fondo del cual se alza el volcán Melimoyu, te corta la respiración. Y si tendría que diseñar un rio truchero, con sus correderas, pozones, barrancas y demases, copiaría su curso.

Pescando el río Frutillas

Y estaba lleno de truchas. Y atención a esto: cuando uno dice que un lugar esta “lleno” de pescados normalmente exagera , pero este río estaba lleno de verdad… 

Apenas ingresado, en los primeros metros, ya habíamos capturado un par de buenos arcoíris. El dueño de la panga, desde la playa, nos gritaba para que le dejemos alguna para cocinar, cosa a la cual accedimos con la condición de compartir el almuerzo. Por lo que quedó acordado que volveríamos al mediodía cuando la fritanga estaría lista.

Volvimos a las cinco de la tarde.

Río Frutillas

Es que no podíamos parar… Y en la medida que remontábamos, más intenso era el pique. Todos arcoíris muy robustos, retaconas, diría que, promediando los 2 Kg, con una tremenda energía que seguramente les otorga su estancia en el mar. Tomaban cualquier mosca, una tras otra, en cualquier punto del río. En un momento tenía media docena que había metido en una piletita natural al borde del rio, para contemplarlas juntas, maravillado, antes de volverlas al agua.  Nuestras cañas #6 daban la potencia ideal y sobre el resto del equipo nada de suspicacias.  Solo cambiar el líder cuando se volvía exageradamente corto…

Habremos remontado unos cuatro Km cuando el rio se transformó, por unos bruscos cambios de nivel, en un torrente de aguas blancas. Estábamos al pie del majestuoso volcán, que parecía, poder tocarse con las manos.

Ni antes ni después, ni nunca más, volví a vivir una pesca como esa. Tengo muchas otras, diferentes, en mi haber, pero ninguna superará a la del río Frutillas.

Un pensamiento en “Cruzando la Cordillera

  1. Este relato me transportó …pero que mala leche la envidia que me dió todo el rato!!…jajaja…felicitaciones por tan espléndida exploración y descubrimientos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *