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Editorial #70

Sabido es que el desarrollo de cualquier actividad y en especial el de las actividades deportivas, llegan casi siempre de la mano de productos e insumos importados que inresan con mayor o menor fluidez de acuerdo a los avatares de las políticas económicas que implementen los distintos países y sus gobiernos.

Así en los últimos años hemos visto en los escaparates de fly shops y comercios especializados en la pesca con mosca, gran cantidad de elementos esenciales para la práctica de nuestra pasión. Waders, botas, chalecos, cañas, reeles, líneas, líderes y tippets para armar nuestro equipo; morsas, anzuelos, plumas, cueros, hilos, y otros implementos de atado; y muchas veces hasta las mismas moscas que llevaremos al agua.

Todos estos elementos llegan desde distintos lugares del mundo para terminar en nuestros bolsos de pesca, en nuestras mesas de atado, o como parte de la indumentaria que usamos. Es indudable que la mayor parte -tanto por su calidad como por su variedad-, favorecen el desarrollo de la pesca con mosca y también nuestra propia satisfacción en su ejercicio.

No es lo mismo atar una “Adams” con un cuello de gallo importado grado 1, que hacerlo con una pluma de menor calidad; la mosca no flota de la misma manera, no se comporta del mismo modo sobre el agua. Lo mismo podría decirse acerca de anzuelos, líneas, indumentaria y la mayoría de la parafernalia de equipamiento que utilizamos habitualmente.

Dicho esto, resulta preocupante que ante los cambios políticos y económicos entre los que tradicionalmente oscila nuestro país, la disponibilidad de elementos comienza a disminuir, sea por el menor volumen de importación, por la restricción que impone el alto valor del dólar que los torna inaccesibles, o por la caída en las ventas consecuencia de las crisis económicas por las que atravesamos tan frecuentemente.

Si queremos que nuestro deporte crezca y se desarrolle en forma continua y sustentable, es necesario que el mismo no se vea afectado por estos vaivenes, por estas idas y vueltas en la disponibilidad de insumos y en la calidad de los mismos. Se hace necesario que tanto proveedores y comerciantes, fabricantes y pequeños artesanos, usuarios y pescadores, y en general todos los actores involucrados en la actividad, hagan un esfuerzo por traer al mercado de la pesca con mosca todos aquellos insumos que comienzan a escasear con cada cambio de rumbo.

Cuando la tecnología al servicio de una actividad deja de estar disponible, esa actividad sufre un deterioro en su desarrollo y se estanca. Todos los pescadores que se inician en este deporte, necesitan insumos de primera calidad que faciliten su práctica, que alienten al iniciado proporcionándole la mejor satisfacción posible, si esto no puede conseguirse, al poco tiempo el nobel abandonará las aguas, y otras prácticas deportivas menos sustentables y amigables con el ambiente ocuparan ese espacio abandonado.

Es necesario el desarrollo de productos nacionales que lleguen al pescador a un precio y calidad razonables, para que la pesca con mosca siga en crecimiento. Si el acceso a productos de primera calidad queda solo restringido a quienes puedan comprarlos en el exterior o puedan pagar su precio en el ámbito local, la pesca con mosca será tan solo un “deporte de elite” destinado a unos pocos.

En las últimas décadas la pesca con mosca se ha “popularizado”; sus adeptos se han multiplicado y sus bondades han llegado a casi todos los estratos de la sociedad. Si queremos que este proceso continúe, es imprescindible que muchos de los elementos que llegan de afuera comiencen a producirse aquí.

Estamos seguros que puede lograrse, hay algunos ejemplos de ello; existen reeles nacionales de gran calidad, existen atadores que producen moscas comerciales comparables a las importadas, existe indumentaria de alta tecnología fabricada en el ámbito local. Puede que no sea sencillo, como en cualquier proceso de sustitución de importaciones, los primeros intentos difícilmente puedan competir en calidad y precio con los que “aspiracionalmente” desean todos los pescadores. Es muy posible que la calidad de una línea local no sea la misma que la de las marcas tradicionales que pueden costar hasta u$s 100; pero seguramente en el transcurso de su fabricación la calidad irá en ascenso y su precio irá disminuyendo.

Creemos que este cambio de paradigma es una tarea y un compromiso de todos, de fabricantes y artesanos que se propongan el desarrollo tecnológico local, de vendedores y comerciantes dispuestos a promocionar productos de fabricación local a precios razonables, de pescadores que prefieran y apoyen insumos nacionales en lugar de marcan “tradicionales” que acompañadas de un marketing millonario presentan precios astronómicos, de importadores que favorezcan el trabajo de fabricantes y productores locales dispuestos a hacer el esfuerzo de dar continuidad  en las vitrinas a productos cada vez mejores y más accesibles.

Si este esfuerzo no puede alcanzarse, seguiremos estando a merced de los vaivenes políticos y económicos que desaparecen de los comercios especializados, o alcanzan valores prohibitivos para la mayoría de los pescadores.

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